Darkness, de Leif Jonker

A comienzos de la década de los noventa, surgieron directores —jóvenes entusiastas del género— que decidieron realizar sus películas de la manera más independiente posible. Y con ello me refiero a no contar con la ayuda de ninguna productora. Un adolescente de Kansas, llamado Leif Jonker, fue uno de estos, y Darkness, su opera prima.

Rodada en super-8, la historia nos presenta un grupo de vampiros que atacan a un pueblo. Los sobrevivientes se armarán con todo lo que encuentren para una batalla, que culmina con lo que quizá sea la escena más sangrienta jamás realizada en un film sobre vampiros. Si bien es una producción hecha por aficionados (para los que quieran saber más, les recomiendo buscar las entrevistas que hay en YouTube a su director, donde cuenta muchas anécdotas sobre el rodaje: problemas con vecinos, con la policía, e incluso actividades ilegales que hicieron para terminar de realizarla), el entusiasmo y el cariño que pusieron en Darkness hace que los errores técnicos pasen a un segundo plano. El espectador —si entiende de qué va este tipo de cine— termina contagiándose de la actitud positiva, y es que creo que de eso se trató: un grupo de amigos que hacen la película que querían ver. Un proyecto que demoró varios años en terminarse debido a la falta de presupuesto y de recursos, pero que supo ganarse un lugar entre los cinéfilos que buscaban, en cada nicho, películas fuera de los estándares convencionales.

Por algún motivo, Leif Jonker no volvió a dirigir otra película. Si bien no está alejado por completo de la escena (ya que suele presentar Darkness en festivales), hasta el momento no ha dado indicios de estar trabajando en el mundo cinematográfico.

Si eres un fan de la sangre (¡cuantos más litros, mejor!), probablemente, después de verla, quieras salir junto a tus colegas a filmar alguna versión casera del apocalipsis vampírico, cuando el amanecer no revele su luz en el horizonte, cuando se escuchen las criaturas de la noche… ¡Qué encantadora melodía componen!